Opinión personal

El pasado fin de semana no fue uno más en Galicia. Estos días, much@s de nosotr@s casi sin querer, hemos regresado a esas 48 horas del pasado octubre en las que el cielo se tiñó de humo y cenizas. Especialmente trágico fue el domingo 16, con cerca de 200 incendios contabilizados, que acabaron con la vida de cuatro personas, centenares de animales y un total de 50.000 hectáreas calcinadas.

En la memoria de esos días también quedó el huracán Ophelia. Recuerdo como, antes de que ocurriese la tragedia, los surfistas de la zona solo hablábamos de su llegada y del swell que traería consigo. Iba a ser el primer gran parte de la temporada de olas… poco de eso tuvo importancia al final.

Pronóstico de olas para aquel lunes 16 de octubre. En el mapa se aprecia claramente la trayectoria ascendente de Ophelia.
Pronóstico de olas para aquel lunes 16 de octubre. En el mapa se aprecia claramente la trayectoria ascendente de Ophelia.

El amanecer del lunes ya desvelaba un paisaje dantesco; además, numerosos focos seguían en activo (creo recordar que había más de 70, aunque me ha sido imposible confirmar ese dato) y los medios de extinción, todavía desbordados, trabajaban a destajo. Lo único que ayudó a subir el ánimo en aquella mañana fue la lluvia, una lluvia que pocas veces había sido tan deseada en Galicia como en aquellos dias…

Perspectiva aérea desde Baiona, tomada meses antes de los incendios.
Perspectiva aérea desde Baiona, tomada meses antes de los incendios.

Ese lunes fue también cuando escribí “El Swell Gris”. Lo hice después de acercarme a la playa y sacar un par de fotos; necesitaba despejar la mente de todo aquel desastre y tratar de evadirme un poco con la que iba a ser ver la cara amable de Ophelia: la de las buenas olas y el esperado inicio de la temporada de swells.

Al llegar allí, sin embargo, enseguida me di cuenta de que las olas no iban a poder cambiar mi estado de ánimo. Con mi cámara, lo único de lo que fui capaz fue de captar una sesión sin luz, en la que apenas tres surfistas se repartían las olas en un ambiente gris y triste.

Pasado un año, la sensación que me queda al ver y recorrer estos montes y bosques calcinados es difícil de explicar. Un silencio muy incómodo lo invade todo, en un espacio en donde el tiempo y la vida parecen haber quedado en un suspenso eterno. Duele mucho además, pensar que todo ese dolor y sufrimiento pueda tener intereses tan banales como los económicos. Me encantaría pensar que algo así no va a ocurrir nunca más, pero los antecedentes y la historia reciente juegan en contra. Ojalá me equivoque, de verdad.

Comparativa del Monte Galiñeiro, antes y después de los incendios.
Comparativa del Monte Galiñeiro, antes y después de los incendios.

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