Te levantas temprano por la mañana, repasas la predicción meteorológica, preparas tu equipo y pones rumbo a tu “spot” favorito, pero, al llegar, las condiciones todavía no son las ideales y toca esperar. Quizá te tiente lanzarte a las redes sociales para sobrellevar ese tiempo, pero existe otra opción que no precisa de móvil: perderse en las páginas de una buena novela sobre surf. A continuación os dejamos con lo más granado de los clásicos del siglo XX, con alguna concesión para incluir a un ganador del Pulitzer. No están todas las que son, pero…

Gidget, de Frederick Kohner (1957)

En esta novela nos ponemos en la piel de Gidget, una chica que disfruta de la escena surfera por las playas de Malibú mientras se rebela contra lo establecido. El autor, Frederick Kohner, emigró desde su Checoslovaquia natal hasta California en los años 30, y su hija, en quien se inspira Gidget, se vio inmediatamente atrapada por la cultura de las olas, una cultura que la acogió en su seno para convertirla en un icono del surf femenino en un momento en que el surf era territorio prácticamente exclusivo para hombres. La novela recibió una versión en celuloide en 1959 y una serie apenas un lustro más tarde.

El Gran Miércoles, de John Milius y Dennis Aaberg (1978)

El Gran Miércoles es la novelización del guion de la película homónima, excepcionalmente bien escrito por Milius, uno de los autores más dotados del grupo de los moteros tranquilos y los toros salvajes. En ella, los autores se basan en sus aventuras durante los 50 en California, pero las actualizan con los ingredientes que la industria cinematográfica de los 70 demandaba: hippies, Vietnam y el surgir de una nueva época. Jack, Matt y Leroy viven la gran vida en The Point, Malibú: chicas, fiestas salvajes, viajes a México y, sobre todo, mucho cabalgar las olas. Algo cambia tras conocer a un clásico de la escena, Bear, que les introduce en el mito del Gran Miércoles, el día que todo surfista espera para deslizarse sobre las más descomunales olas. Más allá de los intereses de Milius y Aaberg por contar la historia, la película surge al calor del crecimiento del surf en la América de los 70, semejante, salvando las distancias, al boom de los e-sports actual: una nueva actividad capta la atención de un público masivo y emergente y se crea toda una industria a su alrededor para rentabilizarlo.

Puberty Blues, de Gabrielle Carey y Kathy Lette (1979)

Aunque poco conocida entre el público español, esta novela supuso un antes y un después en la literatura “surfer”, no solo por las ventas, sino por su influencia en generaciones posteriores (Kylie Minogue llegó a escribir el prólogo en una de sus ediciones). La novela se sitúa en Australia, donde conocemos la vida de Debbie durante los 70, mientras disfruta de la playa en The Shire (Sídney). Siguiendo la corriente imperante en aquella época, Debbie y su mejor amiga Sue esperan pacientemente en la arena durante el día, mientras sus novios surfean las olas, para luego verse inmersas en la vorágine del submundo de su ciudad cuando ya no quedan más series que disfrutar. Más allá de su temática, Gabrielle Carey y Kathy Lette crearon una novela que está considerada como una gran obra de la literatura australiana. Una advertencia: Puberty Blues puede ser un libro de difícil digestión.

Tapping the Source, de Kem Nunn (1984)

El surf y la novela negra suelen hacer buenas migas, y gran parte del mérito lo tiene esta aventura escrita por Kem Nunn y protagonizada por Ike Tucker, que sentó las bases de esta unión temática. Tucker investiga la muerte de su hermana; en su camino en busca de respuestas, se topará con surfistas violentos, grupos satánicos, veteranos de Vietnam y, cómo no, la siempre recurrente historia romántica. Su tono supuso una fuente de inspiración para títulos como Le llaman Bodhi. Según rezaba la contraportada de la primera edición, “hay subidones de los que ya no se puede bajar”.

Campeonato en Mavericks. Imagen de Mbz1 /CC BY-SA 2.0
Campeonato en Mavericks. Imagen de Mbz1 /CC BY-SA 2.0

Años Salvajes, de William Finnegan (2015)

Llegamos a la excepción en nuestra lista de clásicos; nos pasamos al siglo XXI para no dejar sin comentar una joya merecedora del Pulitzer. El libro, autobiográfico, sigue a William Finnegan en su obsesión por el surf y la ola perfecta. No utiliza la escena como ambientación, sino que se recrea en la técnica, el material, las emociones sobre la tabla, sus normas y códigos… Exuda pasión en cada una de sus páginas, donde nos cuenta cómo dejó todo al acabar la universidad para recorrer Samoa, Indonesia, Australia, Java, Sudáfrica… Regresó a Estados Unidos para convertirse en corresponsal y escribir uno de los libros que más incita a lanzarse al mar con una tabla. Espectacular.

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