Asher Pacey poco más le puede pedir a esta Navidad. Un paisaje blanco, bucólico, donde resguardarse con la familia y amigos y celebrar estos días festivos en la más absoluta tranquilidad. No es un mal plan, pensaríamos algunos.

Lo mejor de todo es que eso no tiene mucha importancia. No al menos si compruebas que muy cerca de allí rompe una derecha de infarto. Como si de la misma Jeffrey’s Bay se tratase, pero rodeada de montañas blancas y de temperaturas en el punto de congelación. Un regalo de navidad de los que esperas durante todo el año.

 

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