Todos tenemos pensamientos, pero no siempre que los tenemos pensamos…

Imagina un mar embravecido lleno de olas, una tras otra, sin aparente orden alguno… cada ola es un pensamiento, que llega a ti de manera involuntaria…

El acto de pensar requiere de un esfuerzo intelectual, al contrario que los pensamientos, que vienen y van sin que nosotros podamos hacer nada, sin que seamos conscientes siquiera de que entran y salen de nuestra mente.

Por eso, cuando llegamos a nuestra primera clase de yoga y alguien tiene a bien decirnos “vacía tu mente” el horror aparece ante nuestras caras incrédulas… Cómo? Los tickets a punto de caducar de cosas que tengo que cambiar? La lista de la compra? Los temas pendientes en el trabajo? Ese problema enquistado que tengo con una amiga o miembro de mi familia? Y ese miedo oculto que nadie sabe o ese mal destructivo hacía mí mismo o hacia otro que viene una y otra y otra vez? Esa queja constante que suelto a los demás y a mí mismo todos los días y con la cual no hago absolutamente nada? En serio tengo que vaciar mi mente de todo esto?

Pues bien, esas son las olas de nuestro propio mar embravecido. Y de nosotros depende el involucrarnos en ellas con un esfuerzo intelectual (pensar) o el ser capaz de observarlas, sentados desde la orilla, a salvo.

Meditar es un proceso de observar sin identificarse, es autoconomiento, y requiere práctica… ser capaz de sostenerse observando nuestro mar, sin involucrarnos, hasta que el temporal pase y la marea empiece a asentarse…

Aunque desde el exterior parezca que meditar es un simple pasatiempo, esta técnica nos ayuda a encontrar las preguntas correctas que debemos hacernos para avanzar en nuestras propias preguntas.

Aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender, peligroso.

Confucio

Namasté.

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