Lo que empezó como un experimento de Wavegarden aglutina a cada vez más empresas tecnológicas dispuestas a ofrecer una alternativa al surf tradicional, con olas que simulan un tubo de ensueño de algún spot secreto de Bali o Hawái.

La lista se alarga. La Kelly Slater Wave Co, American Wave Machines, Waco pool, Webber Wave Pools y hasta una alternativa China han aumentado en los últimos años la competencia de Wavegarden, la empresa vasca pionera en esto de generar olas artificiales. La naturaleza no se puede superar, pero en ocasiones se puede igualar. Algo así rezaba el eslogan del primer intento de Wavegarden de llevar hasta Madrid su laguna, con apertura prevista para 2016. Finalmente, será una realidad en Solia para 2020. Entre uno y otro proyecto, el panorama ha cambiado por completo. Del monopolio se ha pasado a la feroz competencia por llevar tierra adentro lo que el océano no puede.

Wavegarden dispone de tres centros operativos, el experimental en el País Vasco y otros dos más abiertos al público. Estos dos últimos están ubicados en Gales y Austin (Texas), a los que se unirán próximamente el mencionado el Madrid y otro en Australia, y, además, hay otros 19 en desarrollo repartidos por el globo. En fase de expansión también andan el resto. La Kelly Slater Wave Co, por ejemplo, realizó una prueba para la WSL en 2017, lo que da a entender que no dentro de mucho las piscinas serán una parada más dentro del circuito profesional. En otras palabras, el futuro campeón o campeona del mundo deberá dominar registros de olas tan dispares como los de Hawái, Bali o Brasil en el mar, y también saber deslizarse por estas recreaciones perfectas en agua dulce. Muchos de los candidatos al título de la WSL en las apuestas para 2019, como Gabriel Medina, son más que conscientes del rumbo que tomará la competición y ya han probado la ola de Slater.

China apuesta por el surf

De hecho, la WSL y la Kelly Wave Co son socios comerciales, y su deseo es ampliar horizontes más allá del primer rancho de Kelly Slater. Entre sus pretensiones estaba el abrir un centro en Florida, bajo el nombre de Surf Ranch Florida, pero finalmente no verá la luz por temas medioambientales. En cualquier caso, la mayor competencia de Wavegarden no parece que vaya a ser la Kelly Wave Co, sino su réplica china. Expertos en calcar la tecnología y ofrecerla a un precio por debajo del mercado, ya cuentan con su propio centro en la población de Anyand, con un prototipo muy similar al del Slater. Se dice que su construcción ronda los cuatro millones de dólares. El país quiere apostar fuerte por este deporte y, menos de dos años después de la visita de la selección china a las instalaciones de Wavegarden en el País Vasco, ya tienen piscina en casa.

En resumen, a Wavegarden le crece la competencia. Hubo un momento en que tuvo el monopolio, pero la posibilidad de que el circuito de la WSL vea con buenos ojos las olas artificiales es una razón que dado lugar a que haya incrementado el número de empresas en este negocio.

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