El catálogo de Netflix cuenta con uno de los documentales que mejor han sabido plasmar el íntimo vínculo que se gesta entre el océano y aquellos que lo visitan cada día por diferentes motivos: Fishpeople. 

Pocos de nosotros tendremos esta sensación, pero para muchos vivir cerca del mar, del rugir de las olas, del canto de las gaviotas y del olor a salitre no significa nada. Para nosotros, los amantes del surf, poder despertarse con la certeza de que al abrir la ventana todas estas sensaciones entrarán por ella es como si cada día fuese navidad. Es un plus añadido, como esas promociones que se emplean como incentivo para llamar la atención, solo que en nuestro caso ya somos usuarios fidelizados a la tabla y al agua salada. Precisamente sobre esta idea es sobre la que gira Fishpeopleun documental dirigido por Keith Malloy, uno de los freesurfers de renombre internacional que más ha hecho en los últimos años por la lucha sobre la concienciación social en lo referente al cuidado y la conservación de los océanos y el medio ambiente. De hecho, Malloy inició el pasado año junto con Patagonia, la productora del documental, una gira europea en un taller móvil con el objetivo de arreglar neoprenos y tratar de concienciar a la sociedad sobre determinadas prácticas consumistas que se alejan de la idea de sostenibilidad.

Malloy creció junto a sus hermanos en una pequeña granja de California cerca de la costa. Su padre era surfista y trató de inculcarles a sus hijos el amor no solo a este deporte, sino también al contacto con la naturaleza que éste permite. Esta filosofía cambió el modo de entender el mundo de Malloy, para quien surf, océano y naturaleza son uno. Y eso es precisamente lo que ha tratado de exponer en Fishpeoplecómo el mar puede convertirse en el pilar de las vidas de diferentes personas, independientemente de su profesión o el lugar en el que vivan. De esta forma, el documental aborda en sus 48 minutos de metraje la vida de seis personas que no se conocen entre sí pero que tienen en común su amor incondicional por el mar.

Así conoceremos a Dave Rastovich, un surfista de Byron Bay que estuvo en lo más alto de las clasificaciones de surf, pero que decidió apartarse de las competiciones para poder disfrutar sin presión de su verdadera pasión; a la hawaiana Kimi Werner, aficionada a la pesca submarina que en la actualidad está centrada en la conservación marina y en la caza sostenible; al fotógrafo Ray Collins, que captura con su cámara el poder y la fuerza del océano de una manera única y elemental; a los surfistas Matahi Drollet y Eddie Donnellan, éste último centrado en enseñar a los más pequeños en riesgo de exclusión social las bondades del surf; y a la nadadora de aguas abiertas Lynne Cox, que nos enseña cómo hasta los escenarios más duros nos ayudan a encontrar nuestro lugar en el mundo. 

Un documental en el que no faltan planos espectaculares y evocadores del océano que nos harán reflexionar sobre la importancia de nuestro vínculo con la naturaleza. Una historia de cómo se puede (y se debe) vivir por y para el mar. Altamente recomendable.

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