Despilfarro alimentario o cómo las modas nutricionales destruyen el planeta

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De la misma forma que realizamos acciones en consonancia con nuestro estilo de vida (limpiar las playas, reciclar, reducir el uso de plásticos, cuidar el océano…), en el interés por comer de manera saludable a veces se nos escapa el cuidado de nuestro planeta y del resto de sus habitantes, creando de esta forma contradicciones tales como la de poner sobre nuestra mesa un alimento que ha recorrido miles de kilómetros y del cual no sabemos absolutamente nada sobre sus condiciones de cultivo y recolectado.

Aguacates de sangre

En México, el comercio del aguacate ha llegado a generar más ingresos que el petróleo. Esto no se le escapa a los cárteles del narcotráfico, que han visto un filón en el “oro verde”: en el estado de Michoacán extorsionan a los productores y recolectores, que realizan su trabajo bajo amenazas, violencia y pésimas condiciones.

La quinoa es cool

Los países productores de este pseudocereal cargado de proteína no pueden en muchos casos consumir el alimento oriundo debido a los altos precios alcanzados por este alimento en el exterior.

La quinoa era, hasta hace poco, el sustento básico en muchísimos países de América del sur, inalcanzable ahora para muchos de sus habitantes, que siempre tuvieron este alimento en sus mesas. Pero el dinero llama y la quinoa se marcha fuera. Es mucho más rentable exportarla y su precio se ha encarecido enormemente en los países de origen.

¿Y el planeta?

infografía de la perdida de alimentos según FAO
Fuente: FAO

La huella ecológica que estos alimentos dejan en nuestro planeta es inmensa, debido a la cantidad de agua que requieren estos cultivos intensivos, huella que se incrementa con los miles de kilómetros (4000 de media durante sus viajes transcontinentales) que estos alimentos recorren hasta llegar a los puntos de venta, emitiendo así más de 4 millones de toneladas de CO2, contribuyendo de forma decisiva en el cambio climático.

Irónicamente, muchos de estos alimentos terminan en la basura, concretamente 1326 millones de kilos en nuestro país durante el año 2015, algunos de ellos seres vivos.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se tira un tercio de la producción mundial, una cantidad suficiente para satisfacer las necesidades alimentarias del planeta.

Apostar por productos locales o de más proximidad (muchas veces encontramos los mismos, aunque en ocasiones más caros, es cierto, pero si desglosamos  el precio por ración, el incremento del coste es bajo) e intentar preocuparnos por el planeta además de por nuestro estómago pueden ser algunas de las miles de opciones que nos ayuden a todos y también a ella: la Tierra.

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