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Recorrer Centroamérica de México a Panamá con tu tabla de surf, la mochila y en una moto custom que has mandado desde España en barco puede parecer una locura, un sueño, una aventura increíble, o las tres cosas. Nuestro colaborador Paulino Rodríguez realizó ese viaje en solitario recorriendo mas de tres mil kilómetros y atravesando 7 países, de ola en ola, durante Noviembre y Diciembre de 2014.

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Paulino, un surfista medio tanto en edad como en experiencia, maduró la idea del viaje superando los recelos que una odisea de este tipo crearía a cualquiera, y se propuso vivir la aventura conociendo esas tierras y mares. También quiso demostrarse y demostrar que con ganas, ilusión y determinación se superan miedos, obstáculos económicos, geográficos y de infraestructura. Que se puede viajar, hacer realidad nuestros sueños, sin necesidad de sponsors, un gran nivel de surf o mucho dinero.

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Pau encontró en su viaje sol, lluvia, viento, carreteras de todo tipo, pistas de tierra, ríos, selva y desiertos. Playas solitarias o arenales urbanos, olas perfectas de todos los tamaños y fondos. Gente encantadora, culturas y paisajes nuevos, aventuras y, probablemente, un poco mas a si mismo. Pero sobre todo descubrió en los distintos spots un espíritu de surf caracterizado por la hermandad, la solidaridad y la alegría de compartir momentos mágicos por encima de los problemas de cada país, la diferencia de nacionalidades o el color de la piel.

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Pero dejemos que sea el propio Paulino, con estos fragmentos de su diario de viaje, quien nos cuente sus experiencias, comenzando con la llegada al Caribe mexicano, a la ciudad de Veracruz,  y la recogida de la moto:

«Después de 10 horas en las aduanas mexicanas, por fin reencuentro con «La Panameña», como he bautizado a la moto. Una Honda Dominator de 1989 customizada por Russell Mecánica que arranca a la primera tras un mes en la bodega del barco. Salgo rumbo al Pacifico, a Salina Cruz, dicen que una de las mejores derechas del país. El trayecto se hace duro, solazo implacable y fuertes vientos en la zona llamada (con razón!) «La Ventosa».

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Pasada la primera prueba, acostumbrado al trafico y a la resistencia al aire de la tabla (tumbando en las rectas!), costeo ya el maravilloso Pacifico atravesando zonas increíbles y todavía sin poblar. Estar al loro con la gasolina es vital, y el gran deposito que Eduardo colocó en «La Panameña» es de gran ayuda. Empiezo con un poco de «Agrosurf» en la derecha de Punta del Chivo con Janet, la propietaria de un sencillo mini resort que está construyendo como auténtica vía de escape «al sistema».

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Barra de la Cruz es una derecha perfecta, un pueblo «comunidad» de unos 500 habitantes donde todos los negocios son para la mejora del lugar. Todos trabajan por el bien del pueblo y cada año el alcalde es un vecino distinto pero nunca el mismo, como una comunidad de vecinos… lo importante es eso, LA COMUNIDAD. Para surfear la famosa derecha debes pagar 30 pesos (2€). A solo 100 km de Puerto Escondido es un buen lugar para pasar unos días inspeccionando la zona llena de buenas olas. Olas como Huatulco.

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Huatulco. En el pico siempre acompañado por pájaros de todo tipo, cuervos, pelícanos pero muy pocos surfers que solo vienen en verano atraídos por las grandes barras de Puerto Escondido. Aunque en esta época del año las olas son más pequeñas, van de sobra para un «NO PRO» como yo. No se necesita ser un Pro para surfear el Pacifico, todos los picos tienen su momento y todos los surfers sus olas. Sigo rumbo a la ola mas famosa de México, Puerto Escondido.

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Puerto Escondido ha sido un poco fracaso. La capital del surf Mexicana se ve ya prostituida por todo tipo de jóvenes atraídos por la fiesta. No había muy buenas olas y probablemente si las hubiera no serian para mi nivel de surf, así que vuelvo a mi querida Barra de la Cruz donde siguen funcionando buenas olas casi solo, con locales que también eligen otro tipo de vida y surf para ellos. «La Panameña» va muy fina y espero que hoy no me falle, nos espera una dura etapa de 600 km rumbo a la frontera con Guatemala atravesando algo de la zona de «La Ventosa» y el estado de Chiapas …

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Chiapas en cierta manera me recordó a Asturias, muy verde, con zonas montañosas, probablemente la zona mas guapa que he conocido hasta ahora del país, gente muy simpática y agradable, pero que sufre grandes problemas. Cerca de la frontera guatemalteca intentaron robarme en un control falso de carretera del que logré escapar exprimiendo los caballos de «La Panameña», que sin duda me libró de algo no muy bueno. La frontera de México con Guatemala es bastante caótica, corrupta y tienes que elegir a quien pagar para entrar si vas con un vehículo privado. El tema es elegir bien al corrupto de turno e intentar que te saque lo mínimo posible y que no se enfade y avise a sus amigos.

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Una vez en Guatemala, viajo rápido para llegar a surfear a Champerico antes de que se me haga de noche, porque me han avisado que la noche en Guatemala, a partir de las 18:00, es bastante peligrosa. Pero antes de llegar se rompe la sujeción de la caja-maleta y tuve que parar a soldarla. Pero la suerte es mi gran aliada y en menos de 30 minutos vuelvo estar en ruta después de parar por casualidad justo delante de un taller mecánico.

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Guatemala nada mas entrar me parece muy poblado, bastante sucio y descontrolado. Por el momento no es una zona apta para surfers hipocondríacos o que se rallen con facilidad. He vuelto a surfear solo al amanecer, esta vez en la izquierda de la desembocadura del puerto de Champerico, donde mas tarde aparecen dos corcheros alegres de ver un surfer de otro país en el agua. El surf y el mar en estos países conflictivos transmiten y aportan a quienes lo practican una paz, felicidad y conexión con el medio, que es justo lo que yo he venido a buscar y estoy encontrando. Me siento afortunado! Una etapa dura, pero rumbo ya a Sipacate, una de las mecas del Surf en Guatemala. Todo fluye entre las curvas tropicales acompañadas de las cervecitas heladas…

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Hacia Sicapate, y en general todo el viaje, me muevo sin mapa, sin orientación física y con un solo destino: las mejores rompientes de cada país en Centroamérica. No he organizado nada, lo cual no es normal en mi, pero este viaje quería hacerlo con la gente, así que voy preguntando cada 30 minutos hacia donde ir y por el momento, aparte de cervecitas muy divertidas y culturalmente enriquecedoras, el boca a boca funciona a las mil maravillas.

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Sipacate es la meca del surf guatemalteco y un lugar tranquilo. Si tienes ese sueño, en Sipacate, por 10.000€ y muchas ganas, podrás vivir la vida tropical surfeando todos los días buenas olas desde tu propio SurfHouse. Este Beachbreak tiene olas todo el año y algunos de los mejores surfistas guatemaltecos lo surfean, sobre todo al amanecer con el glasazo padre de cada día. Aun así ayer, con mi llegada y mis ganas de entrar al agua, se metieron en la sesión del sunset para «acompañarme» y echar unas risas en el agua.

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Cruzar un país intenso como Guatemala, notar al guatemalteco receloso, desconfiado, y llegar al agua y sentir todo lo contrario (amistad, bienvenida, alegría, gritos como niños), dice mucho sobre todo lo que transmite el surf. Momentos épicos e inolvidables. Las carreteras guatemaltecas están deterioradas y el deposito de «La Panameña» se ha movido produciendo un corto con la batería y un par de chispazos que en ruta me han asustado un poco. Por suerte una bolsa de plástico entre la batería y el deposito me sirven para evitar otra explosión. Al día siguiente, después del segundo bañito en el beachbreak de Sipacate, sigo rumbo al Salvador cargado del buen rollo de la gente conocida en este paraíso dentro de una auténtica jungla que es Guatemala.

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Una agradable frontera y aduaneros te dan la bienvenida a El Salvador. Papeleos para sacar «La Panameña» legalmente de Guatemala y mas papeleos para meterla en El Salvador, esta vez sin tener que pagar dinero extra para agilizar el tramite. Salvador funciona aparentemente mejor que Guatemala, en general todo me parece más limpio y mejor cuidado. Aun así, sigo sin bajar la guardia y utilizando las zapatillas como mejor lugar para guardar los billetes en caso de robo. Paraíso centroamericano de las derechas, El Salvador tiene dos núcleos de surf: la zona de la Libertad, mi primera parada, y la zona de Las Flores, ya frontera con Honduras. La cantidad y el nivel de surfing aumenta y por suerte el estado de las carreteras también.

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El Salvador sorprende para bien, enorme calidad de olas. Solo en 5 km hay mas de 8 pointbreaks de mucha calidad, lo que a pesar del gran numero de surfistas consigue mantener los picos no muy saturados, tiene todo para convertirse en una meca del surf. Buen sitio para pasar unos días de relax, surfeando y poniendo al día los emails. La belleza de las costas, del agua y de las playas es impresionante. La carretera que bordea la costa está bien asfaltada y el disfrute con «La Panameña» es de lo mejorcito hasta ahora. Velocidad media de 80km/h con curvas serpenteantes que para flipaos como yo son el equivalente a 1 metro glassy. Rumbo a Flores, la mejor derecha del país que tiene que ser muy buena para mejorar lo actual.

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Todos los surfistas coincidían en que la derecha de Las Flores es la mejor ola de El Salvador, esta considerada World Class, y así es.
Probablemente la mejor derecha que he surfeado junto con Bells Beach y Burleigh Heads. Esta increíble ola y lugar quedarán en mi disco duro para siempre. Este fin de semana tendrá lugar el campeonato Las Flores Surf con más de 33.000$ de premio aportados por Turismo del Salvador. Todos los alojamientos se empiezan a llenar y a subir de precio. 25$ es el precio en la playa de un cuarto básico y 80$-100$ los resorts. El Salvador geográficamente es precioso, las playas tienen unos colores impresionantes y la calidad de sus olas, casi todas derechas, es comparable a un Marruecos o a un Australia.

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El país se mueve en dolares lo que facilita la entrada por la frontera con Guatemala. Esta ligeramente mas limpio que sus vecinos centroamericanos y es un destino a tener muy en cuenta para todos los amantes de las buenas olas. Recomendable y seguro en la costa del Pacifico. Ruteando entre baño y baño sigo buscando otras playas cercanas, preciosos arenales vírgenes que me permiten circular por la orilla con «La Panameña». Dejando atrás El Salvador, sigo Rumbo a Honduras y Nicaragua, para entrar después en los autoproclamados países turísticos de Centroamérica: Costa Rica y Panamá. GASOLINA Y SALITRE !!»

La crónica del viaje de Pau por Centroamérica finalizará en el siguiente articulo «Centroamerica surf en moto»en WIPEOUT.

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Texto y fotos: Paulino Rodriguez

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