foto Alvaro Urkiza

Wipeout llega a Canadá en busca de olas, de libertad y la increíble naturaleza de este país norteamericano, el segundo más grande del planeta y con solo 30 millones de habitantes. Surf en una de las últimas fronteras.

Fotos y texto Alvaro Urkiza

Aterrizamos en la capital de British Columbia, la ciudad de Vancouver, a orillas del Pacifico. Es verano, y a pesar de sus parques, de las amplias zonas peatonales y de su calidad de vida, los paisajes que intuimos alrededor nos llevan a salir cuanto antes de la urbe.

Foto A. U.

Hemos alquilado una autocaravana para viajar de manera independiente y aunque pedimos una pequeña, solo quedan monstruos de 10 metros que se dilatan con un mecanismo hidráulico que las hace aun mayores. Horno de gas, dormitorio cerrado, salón con sofás, aparatosos muebles… solo falta una cabeza de ciervo en la pared y el ambiente de cabaña vaquera sería total.

Foto A. U.

Antes de dirigirnos en busca del surf a Tofino, capital del surf canadiense, la carretera nos lleva a las montañas Rocosas, atravesando glaciares, nieves perpetuas, bosques impenetrables y parques nacionales donde la naturaleza nos sobrepasa.

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Osos, ciervos, águilas, alces, ardillas, fauna que se cruza con nuestro mamotreto rodante y se acerca con toda tranquilidad. Más de una vez debemos detenernos para que animales saliendo del bosque sin prisa puedan atravesar el asfalto.

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La experiencia es intensa. Los totems de las primeras naciones (como se denomina en Canadá a los pueblos indios originarios antes de la llegada de los europeos) y los postes de teléfono se estiran paralelos al asfalto y las vías del ferrocarril surcan el bosque montañoso.

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La inmensidad te hace sentir pequeño, milla a milla. Somos minoría en Canadá. Hay más animales “salvajes” que personas “civilizadas”. Estas áreas se patrullan en avión, la poli te ve desde lo alto y así se consuma el orden.

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En la Columbia Británica el autoestop es delito, tanto para el que solicita como para el que recoge. A partir de las 10 p.m. no se vende alcohol y beber en lugares públicos está prohibido en el estado de Alberta.

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Aquí los incendios se respetan y provocan como fenómenos regeneradores, igual que los aludes. En 60 años cualquier espesura se endemonia e impide la vida de mamíferos en su asfixiante entramado vegetal. Los osos y los caribús salen del bosque en verano escapando de los mosquitos. Solo en Jasper murieron casi 150 animales atropellados el año pasado.

Canada Surf. Foto Surfline
Canada Surf. Foto Surfline

Las indias no sonríen a la foto que disparo al cruzar la reserva. Derribaron sus totems y clavaron enormes cruces del progreso en su lugar, les concedieron subsidios de alcoholismo y el derecho a vivir de prestado en sus propias tierras. En la radio escuchamos que el gobierno está preocupado por la tasa de suicidio aborigen y por el aumento de los osos negros.

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Tras las montañas del interior, tomamos un ferry para buscar olas en la isla de Vancouver, un salvaje trozo del continente en el océano Pacífico, a la altura de la ciudad del mismo nombre. El ferry navega entre islas arboladas, playas arenosas, casas idílicas en las orillas, pequeños cabos y faros diminutos que hacen soñar con una temporada allí aislados de todo.

Tofino surf area, Canadá. Foto Alamy

Por fin desembarcamos y ruteamos los caminos de la isla hacia la costa exterior, la que mira al oeste, al Pacífico, a las puestas de sol. Cada vez más escasa la presencia humana durante los 200 kilómetros que separan una costa de la otra. Se retuerce la ruta, se estrecha y se asoma a precipicios, abismos, cortados y vacíos que sobrecogen.

Foto A. U.

Subimos, las huellas de los aludes del deshielo reciente están por todas partes. Las cumbres nevadas y las nubes añaden dramatismo a las enormes proporciones de las montañas reflejadas en lagos sin humanos.

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Llueve, después nieva, conducimos despacio y en silencio, desviando un segundo la mirada de la carretera para capturar un glaciar en la retina, una enorme cascada entre los árboles, un claro en el bosque eterno con un ojo de agua sin nombre.

Foto A.U.

Los enormes cedros llenos de musgo se agrupan esbeltos tapizándolo todo y parece que se apartaran lo justo para dejarnos pasar. Escoltan serios pero no enfadados nuestra llegada al océano Pacífico. Su espesura está llena de presencias que contemplan tranquilas la emoción que nos traspasa cuando distinguimos las olas y sobre ellas el perfil majestuoso de un águila.

Surf Canadá. Foto Daily UK

En la bahía de Tofino los hidroaviones son el medio de transporte más habitual para comunicarse con las islitas satélite. Se limpia el salmón recién pescado en los pantalanes del puerto y alguna lancha sale con grupos de turistas para avistar ballenas y lobos marinos. Las cabañas coloniales pintadas de colores destacan sobre el fondo de las montañas, cubiertas de árboles y con las cumbres nevadas.

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A través de esos bosques hay escasas rutas de asfalto, bordeadas de zonas para peatones y bicicletas. Discurren a lo largo de enormes arenales bañados por el Pacífico, ideales para el surf, aunque de aguas frías incluso en verano.

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Las señales que avisan del peligro de Tsunami o las rutas de escape preparadas para el maremoto alertan del poder de ese mar, algo que se hace evidente al contemplar la enormidad salvaje de playas rodeadas de espesura virgen durante kilómetros y kilómetros.

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Enormes troncos traídos por el océano salpican la arena, no hay papeleras ni socorristas, no se ven casas ni parkings, tampoco gente, solo olas, cielo y águilas de cabeza blanca que otean tu figura paseando la costa. No es extraño distinguir a lo lejos la silueta imponente de un caribú asomando su cornamenta fuera del bosque y respirando el aire marino.

Foto A.U.
Foto A.U.

La comunidad surfera en esta isla es determinada, de espíritu pionero, atada a lo natural antes, durante y después de la practica del deporte. Vive envuelta en condiciones durísimas y está acostumbrada a experimentar el frío, el viento y la presencia abrumadora de compañeros de viaje.

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Ballenas, orcas, focas, lobos marinos, aves y mamíferos de todo tipo contemplan inmutables como se deslizan estas mujeres y hombres sobre la energía del océano, del planeta, del cosmos entero que vibra esta mañana de verano en Vancouver Island.

Surf Canadá. Foto Chris Burkard
Surf Canadá. Foto Chris Burkard

Antes de entrar a surfear, Kyle, local que nos acompaña, observa el mar de manera automática. Atravesamos con paso rápido los últimos metros de bosque antes de pisar la arena. Periplo forestal, enramada de pasos, eslalon troncoso que lleva hasta la playa. Kyle espera no distinguir aletas de orca cerca de la orilla. Y se alegra de no cruzarse con osos esta mañana de verano.

Foto A. U.

Intuimos un respiro en los horizontes con gigantismo y un sosiego hecho de glaciares y de mayoría animal. Tres mil quinientos Kilómetros rodados por la Transcanadá Highway, y solo nos llevamos un destello de enormidad en la retina y una sensación de infinito, de pequeñez propia y de naturaleza virgen.

Foto A. U.

Tal y como debía ser Europa antes de sufrir el progreso y la civilización humana. Os dejamos un gran vídeo que refleja la calidad y fuerza natural del surf en este increíble país. We Love Canada!

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