Aitor Francesena, 44 años, Zarautz. Surfista y entrenador profesional. Aitor es invidente.

«Cuando perdí la visión del segundo ojo en un accidente de surf y quedé totalmente ciego, me llevaron al hospital. Los médicos cerraron las ventanas de la habitación con llave, por si acaso. Mandaron al psiquiatra para que me viera y, tras hablar, él mismo las volvió abrir diciendo: ¡Este tío está más sano que nosotros!»

Sin gafas de sol que oculten su ceguera: «Me gusta mirar a la gente a los ojos cuando hablamos y pasar desapercibido, por eso no llevo gafas oscuras», Aitor nos cuenta que nació en un caserío rural y que de niño debía atravesar un barrio conflictivo para ir al colegio. De las aventuras pasadas en esa experiencia nace su apodo, «Gallo». Un apodo que no tiene nada que ver con chulería o arrogancia, lo contrario de la personalidad de alguien como él, 100% sencillez y sinceridad.

Querer es poder

Extraordinario en todas sus facetas, Aitor comenzó a surfear a los 12 años la playa de Zarautz en verano, «gorroneando» con sus amigos las tablas de pioneros guipuzcoanos como Alberto de la Maza o Roberto Letemendia «Kanguro», a todos los mayores. Pronto esa afición se convierte en vicio, surfeando en invierno las frías aguas cantábricas con trajes de neopreno rudimentarios y parcheados. Y pronto, también, el surf se convierte en su modo de vida.

Con la cantera

Con 13 años comienza a competir en los circuitos de surf estatales e incluso en el EPSA, la Asociación de Surfistas Profesional de Europa. Al mismo tiempo arregla tablas, lija y glasea, primero para Essus y después para Pukas, en Olatu. Con 16 años gana dinero, vive del surf y es ya autosuficiente.

Aitor en el shaping room

En el camino, a los 14 años, pierde definitivamente la vista de un ojo debido al glaucoma que sufre de nacimiento. Ello no le impide continuar su vida surfera, seguir compitiendo y dar las primeras clases improvisadas de este deporte en 1987 con Joseba Iriondo. En 1988 funda, junto a Mikel Troitiño, la Zarautz Surf Eskola, con ellos dos como monitores, la escuela de surf pionera del estado.

Siempre el mar, Zarautz

Con el dinero obtenido dando clases y arreglando tablas en el verano, Aitor viaja a destinos como Costa Rica, Australia o Brasil durante los inviernos para perfeccionar su surf cara a la competición. Hasta que, a los 27 años, el ojo que aun conservaba visión comienza también a fallar. Se plantea entonces dejar la carrera competitiva y centrarse en el entrenamiento de otros surfistas, incluso en invierno, como le sugirió el padre de Hodei Collazo.

Aitor y uno de sus actuales alumnos, Axel Lopetegui

Así, pronto reúne un grupo de jóvenes promesas del surf como Ion Eizaguirre, Hodei Collazo, Aritz Aranburu, Txomin Garmendia o Jokin Argote. Con la confianza de esta cantera y de sus padres, Aitor se vuelca a entrenarlos todos los días, invierno y verano, con rutinas físicas en el polideportivo y clases en el agua. Su intención es clara: quiere igualar y hasta mejorar la calidad e intensidad de los jóvenes que entrenan en países con más horas de luz, agua más caliente o chavales dedicados exclusivamente al surf.

Aitor y Aritz Aranburu

Con hasta seis horas de surf diarias y tres de entrenamiento físico, la clave del método de Aitor es, como él mismo dice: » Entrenar no solo a surfers sino a personas». Su determinación es fuerte y su apuesta por lograr el éxito de sus alumnos, total. Algunos caen, no soportan el ritmo requerido, pero un jovencísimo chaval lleno de ambición y con una gran personalidad se vuelca en el entrenamiento de Francesena y cree en él: Aritz Aranburu, actualmente el primer y único surfista español en competir en la élite mundial, la WCT.

Aitor y Axi Muniain

Desde entonces, y con otras estrellas del surf nacional como alumnos (El Big Wave Rider Axi Muniain o Eneko y Kepa Acero, por ejemplo), Aitor vive paralelamente un verdadero calvario de operaciones, trasplantes de cornea e intentos por retrasar la ceguera inminente de su único ojo sano. El mismo día en que nace su hija Uxue, una válvula insertada en el ojo le permite mejorar mucho la visión.

Aitor, limpieza de playa

En ese momento de su vida Aitor es seleccionador nacional de surf y viaja a surfear y entrenar a Aritz hasta Tahiti desafiando los consejos de los médicos. Aritz compite ese año en la prueba de Teahupoo, ganando allí al propio Kelly Slater. A la vuelta, en una sesión de entrenamiento en Zarautz con olas de metro y medio a dos, Aitor cae desde arriba en el take off, golpeándose la cara contra la base de la ola y destrozándose el ojo sano.

Siempre adelante

Como él mismo nos cuenta, la primera sensación que tuvo al ser consciente de su ceguera total irreversible fue, extrañamente, de alivio. «Había pasado los últimos 5 o seis años luchando contra lo inevitable, retrasando el hecho, sufriendo intervenciones quirúrgicas, disimulando a todos mi perdida gradual de visión, memorizando incluso las calles o los sitios… Ahora ya no había vuelta atrás, estaba ciego y tenía que tirar para adelante.» Os dejamos este gran vídeo de Mario Azurza que relata el día a día de Aitor.

«Si tienes una cabeza bien regulada sigues adelante», dice Aitor. «El instinto de supervivencia te empuja, tienes el apoyo de los amigos y sobre todo de mi hija de 10 años Uxue, mi máxima motivación. Además, toda la vida predicando a mis alumnos que hay que ser fuerte, superar las adversidades y ahora ¿iba a hundirme yo?» Con más tiempo para disfrutar las esencias de la vida y valorando doblemente cada actividad que realiza, pronto retoma el entrenamiento de surf, el skate, y sus propias sesiones entre las olas.

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De esa experiencia surgen dos libros, «Las olas contadas» y «Querer es poder«, el primero un método de iniciación al surf con todos sus detalles y características basado en sus conocimientos de tantos años y el segundo un paso más allá, hablando con claridad profesional del entrenamiento más avanzado y del espíritu de superación que transmite su vida y el propio titulo del libro.

Aitor y su hija Uxue

Actualmente Aitor continua surfeando y dando clases a un grupo de jóvenes surfistas, transmitiéndoles toda su pasión, método y experiencia. Dando charlas y conferencias, presentando sus libros y adaptando sus clases con una cámara de vídeo que sigue el movimiento de sus alumnos gracias a una pulsera que portan, con caddies en la playa y rutina de gimnasio e interpretación personalizada del surf de los entrenamientos. «No me limito a controlar y mejorar su surf, sino que los convierto de sujetos pasivos en sus propios entrenadores.»

Transmitiendo su energía. Foto Kolokon Krinkle

La pasión de este guipuzcoano por el surf es total: «El surf es mi vida, lo que me motiva a seguir a delante, lo que hace que un día normal se convierta en genial si tengo un baño, lo que me llena totalmente. Y transmitir con los libros y los entrenos esa pasión que siento y ver que es bien recibida, que gusta y que la gente disfruta, me llena de alegría igual que una buena ola.»

Aitor, ante todo mucho sentido del humor

Aitor no se olvida de su equipo, amigos y esponsors: «Quiero agradecer a Alex Sanchez, autor de las maravillosas ilustraciones de mis libros y maquetación, a Consuelo, que me ayudó con el apartado técnico y es la que más ha sufrido haciendo «surfing de salón» con nuestro trabajo, y a Elena Heiras que se ocupó del tema narrativo dándole frescura al libro. También a Josean Garcia, que hace posible que me comunique con vosotros a través de las redes sociales. Y a las marcas que me han apoyado en este proyecto, como Pukas, Carver skateboardsOcean & Earth. Y por su ayuda a mi personalmente, Quiksilver

«Además quiero dejar claro que en mi vida, en mis conocimientos de entreno y en estos libros no hago más que transmitir las enseñanzas que recibí de los mayores, de surfistas anteriores, y que me limito casi a pasar ese testigo a las nuevas generaciones, como otros hicieron conmigo.»

Surf por instinto. Foto Roberto «Kanguro» Letemendia

Aitor se despide con afecto y nos manda un ultimo mensaje: «Al contar mi experiencia, mi día a día, espero que pueda ayudar o motivar a las personas que sufren alguna discapacidad o sencillamente se encuentran en circunstancias difíciles. Hacerles ver que es posible seguir adelante, disfrutar, ir mas allá. Porque Querer es Poder!» Desde Wipeout, gracias por ser así y un abrazo,  ¡¡Grande Aitor Francesena!!

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