Playas prácticamente vírgenes, paisajes verdes y limpios, la naturaleza en pleno esplendor.
No es un catálogo de una agencia de viajes, sino la forma como Lamberto Lo describe un país tan cerrado como misterioso: Corea del Norte.

Este instructor de surf, de 40 años, nacido y residente en Santa Ana, California, acaba de regresar de un viaje al hermético país asiático donde pasó una semana surfeando las olas con los locales. El surf visto desde abajo

La idea de Lamberto Lo de enseñar surf en un país del que generalmente se destacan las extravagancias de su líder, Kim Jong-un, o las tensiones con su vecino del sur y la comunidad internacional por el lanzamiento de misiles, no fue producto de una locura.
Corea del Norte

Uno de los rasgos principales de la cultura del surf es la búsqueda de lugares exóticos y diferentes para coger olas.
En este sentido, hay varias razones para querer hacer surf en Corea del Norte: las olas están vacías y rompen en playas prístinas donde pocos extranjeros han puesto pie.
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“Es la Nueva Zelanda de Asia”, le dice Lamberto Lo al entrevistador

Pese a estar fuertemente patrulladas, las aguas de Corea del Norte ofrecen un lugar ideal para los surfistas, que cada vez se interesan más por practicar el deporte en este país.

Las remotas comunidades costeras de Sijung y Hamhung, en el noreste del país, tienen frente a sí aguas claras y azules.

“Hay algo especialmente seductor en la idea de correr olas por las que no has surfeado nunca”, reconoce Justin Housman, editor de la publicación Surfer Magazine en San Francisco, California.

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“Cuando viajamos para hacer surf, a menudo intentamos encontrar puntos que no estén abarrotados, pero se está haciendo cada vez más complicado por la creciente popularidad de este deporte”, añade.

El proceso para que Lamberto Lo consiguiera permiso para entrar en Corea del Norte fue largo y complejo. Con la ayuda de un amigo que trabaja en la Asociación Internacional del Surf y tras rellenar diversos papeles, Lo recibió luz verde del gobierno norcoreano para llevar a cabo su proyecto.
Junto con cuatro colegas, Lo aterrizó en la capital norcoreana, Pyongyang, donde el grupo pasó un par de días.
Lamberto Lo en Corea del Norte
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Después se adentraron en el país y avanzaron hacia el norte en un recorrido de siete horas en busca del lugar ideal para dar sus clases.
“Corea del Norte es uno de los lugares más bonitos que he visto en mi vida”, evoca Lo.
El viaje lo hicieron escoltados por agentes de seguridad en todo momento y acompañados de un guía local que les indicó cuáles eran las mejores playas para hacer surf.

Finalmente optaron por la playa de Majon.

Las condiciones de las olas, cuenta Lo, eran perfectas.
“Hizo que las lecciones fueran muy fáciles. Todos los que probaron, lograron montar al menos una ola”.
Todo el equipamiento necesario (tablas y trajes) lo aportó el grupo y las clases fueron gratuitas y abiertas a quienes quisieran probar.
“Los norcoreanos son muy hospitalarios, tienen un gran corazón, son educados y respetuosos”, señala Lo.
“La gente es muy amable y generosa; una vez que superas la cuestión de la política, cambia la escena”, dice.
Abriéndose a los deportes
El régimen de Kim Jong-un desea atraer más turistas y una de las vías para hacerlo es el fomento de los deportes.
Corea del Norte inauguró su primer resort de esquí en 2013 y abrió la maratón de Pyongyang a corredores extranjeros.
La primera estación de esquí en Corea del Norte
Pero, a pesar de formar parte de una península, no es un país con tradición de deportes acuáticos.

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La tendencia puede cambiar si el interés sigue creciendo.
“Está el factor de la novedad, el poder presumir de haber surfeado en Corea del Norte”, indica Jean Lee, exjefe de la oficina de la agencia de noticias Associated Press en Pyongyang.

“Pero la gente debería recordar las alertas internacionales sobre los viajes a Corea del Norte tras los arrestos de algunos turistas”.
Sin olvidar las acusaciones internacionales que pesan sobre su gobierno por los abusos de los derechos humanos, la situación económica, los ejercicios militares y el hermetismo con el que se maneja frente al exterior.
También hay que tener muy en cuenta la seguridad.

El surf conlleva sus riesgos, incluso para surfistas experimentados, y cabe preguntarse si el país está preparado para ofrecer la atención sanitaria adecuada.

Lamberto Lo no es ajeno a estos recelos y a las críticas de quienes consideran que este tipo de actividades sirven de apoyo al régimen de Kim Jong-un.

“En el agua importan las personas, ¡tienen grandes sonrisas cuando surfean!”, relata Lo.

“Hay que romper barreras y dejar de etiquetar a la gente”, opina.

“En Corea del Norte están esforzándose también, gestionando sus cosas.

“Todos tenemos en nuestros corazones algún tipo de barrera si somos honestos”, sostiene Lo, que considera que el deporte, en este caso el surf, sirve para ver a las personas de otra manera.

Lo se formó como instructor de surf en Hawái, donde dio clases a personas prominentes como el fundador de Apple, Steve Jobs, y el actor Bill Murray.
“También di clases a personas que atravesaban una situación de estar sin hogar. Aprendí que, no importa que seas Steve Jobs o que no tengas nada, en el agua somos iguales”.
Una proyección más amplia

Lo no sólo intenta destruir muros yendo de viaje a Corea del Norte.
Como director de The MIX Academy en Santa Ana, uno de los municipios más desfavorecidos del acomodado condado californiano de Orange, Lo organiza cada semana sesiones en las que ofrece todo tipo de actividades gratuitas: desde artes marciales hasta robótica, pasando por inglés para adultos o clases de zumba.

Las sesiones están abiertas a todos, que también pueden comer allí.

“Todo lo que hago internacionalmente tiene que poder hacerse aquí también”, subraya Lo.
“Mi objetivo no es cambiar el gobierno de Corea del Norte, al igual que aquí mi objetivo no es poner fin a la realidad de la falta de hogar, sólo intento hacer sonreír a las personas, de una en una”.


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