A tiros. Así fueron “advertidos” el pasado jueves tres surfistas (entre ellos un menor) que estaban en un spot conocido como Albatross Point, al oeste de Nueva Zelanda.Sin embargo, lo que parecía ser en un primer momento un incidente aislado ha destapado una preocupante problemática en esta zona. Según informaciones del rotativo local Herald, en el pasado ya ha habido ataques similares a otros surfistas y pescadores en esta localización, a la que solo se puede acceder por mar o por territorio privado.

Un incidente que podía haber acabado en tragedia

Tal y como relata este diario, el pasado jueves tres personas, un padre, su amigo y su hijo de catorce años, salieron del Puerto de Kawhia sobre las 11:45 de la mañana. Después de navegar veinte minutos hacia al sur, llegaron a Albatross Point, donde estuvieron surfeando hasta que escucharon unos disparos. Al parecer, los dos primeros sonaron lejos, pero el tercero impactó muy cerca de donde estaba situado el menor de edad.

Según informó posteriormente el sargento de la policia de Otorohanga, los surfistas pudieron regresar a Kawhia ilesos, pero con el susto metido en el cuerpo.

Pero lo más inverosímil de esta historia viene a continuación. Y es que, según los testimonios recogidos por el Heraldesta suerte de “localismo” ha convertido la costa de Taharoa en algo parecido a un “campo de batalla”.

Mapa de la zona donde se sitúan los incidentes. Imagen: Herald
Mapa de la zona donde se sitúan los incidentes. Imagen: Herald

Un “localismo extremo” que existe desde hace diez años

Las declaraciones de un surfista experimentado no dejan lugar a dudas; “pese a ser un buen surf break, protegido de los grandes swells y los vientos de sur, los surfistas tienen miedo a ir cerca de Albatross Point.” 

“Los locales no quieren que otros surfeen en su parcela y la masifiquen. Pienso que son algo así como una especie de locales hardcore. Ellos son los que tienen el acceso por tierra, si intentas acceder con tu vehículo allí y lo dejas para surfear, cuando vuelvas no lo vas a encontrar en muy buen estado”, afirmaba al diario.

Un “localismo extremo”, que es como lo describe, que se entiende mejor con su siguiente declaración: “En marzo estuve hablando con un par de tíos y me dijeron que tenían una invitación, pero, si yo intento salir ahí fuera y no soy bienvenido, básicamente me darían una paliza”.

En la misma línea a la anterior se mueve el testimonio de un pescador de Waikato, que tuvo una experiencia similar a la de la semana pasada a principos de año.

“Ellos (los locales) piensan que el mar es suyo y que nadie más puede ir allí”, afirma esta persona, a lo que añade; “ha habido un montón de disparos a botes y barcos por esa zona, esto está ocurriendo desde hace diez años…”

“No estamos en un campo de batalla”

El sargento Connors, de la policia de Otorohanga, condenó estos hechos, que calificó de intolerables, y advirtió: “No estamos en un campo de batalla”El agente quiso recalcar además la necesidad de preservar “un océano para el disfrute de todos”, para cuyo objetivo está prevista una reunión entre las autoridades policiales y los locales  de la zona a finales de esta semana.

En este sentido, las investigaciones sobre lo ocurrido el pasado jueves siguen abiertas; “el disparo a este muchacho impactó muy cerca de donde estaba y esto implica un riesgo muy importante en este tipo de delincuencia. Estos actos no se pueden tolerar”, concluyó.


Foto de portada: Port Waikato Holiday Park

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