En el momento en que llegué supe que no.

No. No iba a haber baño esa mañana. Mierda… Me quedé inmóvil, sentado en el asiento de mi vieja furgo. El mar estaba enfurecido, precioso. Tan salvaje como imposible. Una misión perdida, pensé. Una gran pérdida de tiempo.

Tiempo… ¿cuanto tiempo hacia que no me pasaba esto? ¿No había mirado bien las previs o qué? El motor del coche continuaba en marcha, acompañando al sonido mecánico del parabrisas. La lluvia nos golpeaba con fuerza.

Giré por un momento la cabeza de lado a lado, deseando encontrar a alguien en esa misma situación… volví la cabeza al mar y me recosté en el asiento.  Cerré los ojos y suspiré. Profundamente… ¿quién más iba a estar ahí? me respondí a mi mismo.

Por un segundo noté como el sueño me saludaba. Sonriente. Aún era temprano y me echaba de menos…o eso fue lo que me pareció. Sentí como, poco a poco, me fue transportando a un lugar cálido, conocido, al que todavía podía volver…

De repente me vi allí fuera. Dios… ¿cuantos años habían pasado? Todo era muy nítido… Pese a que aquella mañana era gris, fría y lluviosa. ¿Qué cojones hacíamos ahí? era de locos… Pero estábamos allí, en ese aparcamiento, mi buen amigo, su padre y yo. Su padre… hacia tanto que no le veía…creo que nunca le agradecí lo suficiente todo lo que hizo por nosotros. Él no salió del coche, estuvo con el semblante muy serio aquel rato, mientras nosotros nos poníamos el neopreno entre carcajadas… Éramos unos idiotas y nos creíamos muy listos. Nada nos importaba mucho, todo venía fácil. Sin embargo, hubo algo en ese momento que se me quedó grabado a fuego; una melodía hipnótica que salía de ese viejo radiocasete, y aquella voz áspera, que no conseguía entender. Aquella sintonía me acompañó durante mucho tiempo…

Un par de años más tarde, cuando tuve edad suficiente para empezar a hacer otras cosas, volví a escuchar esa canción. Era en un pafeto que hoy ya ni existe. Nunca olvidaré la mirada de incredulidad que se le quedó a aquel tío cuando le pregunté por aquel tema: “chaval, esta es la mejor versión de rock que vas a escuchar en tu puta vida, se llama “the man who sold the world”, de los Nirvana” Hasta ese momento no lo supe. Pensaba que quería saber cómo se llamaba esa canción, pero lo único que quería era saber cómo encontrarla. Yo, sin saberlo, ya le había puesto nombre unos cuantos años atrás.

Un fuerte ruido me despertó de golpe. Mi cara debía ser muy graciosa, porque allí estaba mi buen amigo de la infancia, empapado pero partiéndose de risa. Abrí la ventana y me dijo:  “¡Sabía que eras el único imbécil que podía estar aquí!” Le sonreí y le dije, “venga sube, que vamos a poner un poco de música.”

Elefantes y Gaviotas

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