Bob Dylan no es un músico al uso. Nobel de literatura aparte, el cantautor americano sigue demostrando al mundo, a sus 77 años, que vive por y para la música. Envuelto eternamente en carretera y manta, como si de su mítica Like a Rolling Stone se tratase, el bardo de Minnesota continua con su Never Ending Tour iniciado en 1988; Una gira interminable que le ha llevado a tocar en casi 3.000 conciertos casi sin descanso.

Anoche tuvo lugar en Barcelona la “penúltima” oportunidad para ver en nuestro país a este genio de la música. En total habrán sido seis conciertos en nuestro país, uno en Salamanca, tres en Madrid y dos en Barcelona. Después, Dylan seguirá con rodando por otros países del viejo continente, como Italia, Alemania, Suiza o la República Checa.

La canción popular por bandera

Pese a que hace ya unos años que Dylan no saca un disco con nuevas canciones, su trayectoria musical no muestra signos de flaqueza. Sus inquietudes como artista parecen haber virado en los últimos tiempos hacia los orígenes de la música americana y de raíces, como el Blues o el Jazz. No en vano fue él quien dotó a la canción popular del prestigio del que carecía.

De este modo, discos como Shadow of the Night, que supone un homenaje personal a la carrera de Frank Sinatra, o Fallen Angels y Triplicate, sus últimas dos publicaciones, corroboran ese creciente interés por la música previa a su debut. Sin embargo, este trabajo de recopilación musical no ha sido excusa para que Dylan redujese su ritmo de conciertos. Al contrario que la gran mayoría de músicos jóvenes (no decimos ya sus contemporáneos), cuyos lanzamientos de nuevos discos suelen venir precedidos por largas pausas, el ritmo de directos de Dylan es realmente impresionante.

Uno de los últimos mitos de los ’60

Es por ello que Bob Dylan se ha convertido en uno de los últimos mitos de la década de los ’60 al cual es (todavía) posible ver tocar en directo con “cierta facilidad”. Después de Estados Unidos, Europa suele ser un destino predilecto para el cantautor americano. Además, una de sus particularidades es que no parece importarle demasiado tocar en escenarios más modestos a los que lo harían otras estrellas de su renombre.

No parece, pues, que a estas alturas vaya a traicionar sus valores y creencias. La música es su pasión y su razón de ser. Como el viejo maestro que ejecuta con precisión y respeto su obra, como si de una liturgia se tratase; Dylan encara cada concierto con serenidad, manteniendo una distancia tácita con el público. Ni un saludo, ni una palabra. Solo sus canciones. La música es lo único importante.


Los datos utilizados en este artículo provienen de la siguiente fuente: RTVE.

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