Probablemente Nick Cave sea uno de los personajes musicales contemporáneos más carismáticos. Su música puede gustar más o menos, que duda cabe, pero lo que resulta casi imposible es que produzca indiferencia.

Heredero del punk gótico, sus más de cuarenta años de carrera (!) le han convertido en un artista inclasificable, incluso para sus fans más acérrimos, que no son pocos. Su creatividad es, seguramente, uno de sus principales rasgos identificativos; Y es que, además de música, ya sea con su formación habitual junto a los Bad Seeds como de la mano de Grinderman, el australiano es prolífico también en la creación de guiones cinematográficos, bandas sonoras e incluso novelas literarias.

Nick Cave & The Bad Seeds. Foto: Sam Barker
Nick Cave & The Bad Seeds. Foto: Sam Barker

Otro aspecto que lo podría definir es su obsesión por los temas religiosos. De hecho, en una entrevista que concedió hace ya unos años, el propio artista clasificaba su obra en dos mitades, “la década de los 70 y 80 se corresponden al Antiguo Testamento, a partir de los 90, del Nuevo Testamento.”

Sin embargo, el pasado personal más reciente del artista ha influido de forma muy notable en su creación artística. La trágica muerte de uno de sus dos hijos en 2015 no solo fue un golpe durísimo para el músico australiano, si no que removió viejas heridas ya cerradas de su adolescencia.

Todo ello hizo pensar que Nick Cave no volvería a ser el mismo. Y en verdad, el australiano ha llegado a reconocer que, tras una desgracia así, el aspecto de uno mismo no cambia, pero el interior es imposible que no lo haga.  

Un año más tarde, en 2016, Nick Cave estrenaba el documental One More Time Feelingun fiel retrato de la oscura realidad que había irrumpido en la vida del artista. Fue también el momento de la publicación de Skeleton Tree, el último álbum de estudio hasta el momento del australiano. Una especie de confesión sincera donde Cave tira de coraje para hacer aquello que ha dado sentido a su vida, la música.

Y en el marco de este trabajo y del contexto que lo envuelve surge Distant Sky. Un término que no solo hace referencia a uno de los temas de Skeleton Tree, si no que supone una alegoría a los sentimientos que recorren la vida del músico. Un cielo distante con el que Nick Cave ha bautizado su último gran concierto, el ofrecido el 20 de octubre del 2017 en una atmósfera única como la del Royal Arena de Copenhague, en Dinamarca.

El pasado 12 de abril tuvo lugar el estreno mundial de esta proyección dirigida por el director David Barnard. Para aquellos que no tuvimos la oportunidad de asistir a dicho estreno, nos queda esperar al ansiado regreso a nuestro país de Nick Cave & The Bad Seeds. Será el 31 de mayo en Barcelona, con motivo del festival de música Primavera Sound.

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