Hace menos de un mes, un momento feo e imborrable vivió Axi Muniain en Nazaré, la ya mítica ola de Portugal, evocadora por su grandeza, belleza, poder y también su peligro. En carne propia, el surfista de olas grandes sufrió uno de esos golpes extremos, que realmente sacuden y en varios sentidos…

Hechos como estos suceden en cualquier parte del mundo y les ocurre a un turista desprevenido, un nadador con experiencia, surfistas o buceadores. Hace poco, el también surfista vasco Kepa Acero sufrió un accidente en Mundaka, salvando de milagro su médula espinal tras un brutal golpe.

Axi Muniain en Nazaré, un día antes del accidente…

Los cuidados en el océano no son sermones falsos ni paranoicos, abarcando a cualquiera que nade en la superficie, seas un surfista que está cerca de la orilla, o en busca de olas en mar abierto. Y en lugares complejos como Nazaré, más aún.

El 22 de diciembre de 2016 Axi Muniain en Nazaré, Portugal, experimentó una potente sacudida. “He tenido comidas muy duras pero ninguna como aquella. La intensidad de las turbulencias y la velocidad con la que me disparó hacia las profundidades castigando todos los huesos de mi columna y los órganos del aparato digestivo fue de una manera brutal”, cuenta el surfista de olas grandes nacido en Zarautz, Axi Muniain, según un extenso relato publicado en Surfline.

Intercambiándose entre rescatador y surfista las olas a la vista, aquel día Axi Muniain y Francisco Porcella disfrutaban y mantenían la alerta en medio de las olas de Nazaré, como tantas otras veces.

Aunque estemos en equipo, Francisco y yo estamos al tanto de todo el mundo, aunque nuestra prioridad sea el compañero. Hay espíritu de compañerismo con todos los demás ya que el riesgo es muy elevado“.

Axi Muniain, surfista de olas grandes nacido en el País Vasco…

Ese día Muniain “quería coger la grande, con una ola gorda me bastaba“. Y justo en un momento, comenzó a ingresar “una gran serie” y “todo el mundo empezó a gritarme que le diera, ¡que era la ola! Le di a muerte, pero no conseguí entrar“.

Tras girarme vi que la siguiente era todavía mayor y me di cuenta de que me iba a romper justo delante. Francisco intentó rescatarme y toqué con la punta de mis dedos la bandeja de rescate de la moto de agua. Esto fue peor porque no me dejó concentrarme en la comida que se me venía encima y tampoco pude librarme”.

La ola de ese impacto “era una pirámide gigante” y “toda esa proyección de energía salió disparada hacia donde estaba situado yo“, recuerda Muniain, quien estando sumergido se sentía ya entregado bajo una especie de sueño.

Era como si me encontrara en un sueño, estoy en un sueño, voy a analizar lo que voy a hacer para salir”, pensaba, siendo consciente en todo momento que duró la pesadilla real, en no abrir la boca, no tragar agua. Y eso hizo, a raja tabla.

“No sé cómo agradecer a mi hermano @franciscoporcella por haberme salvado la vida ayer en Nazaré. Sin olvidarme de @jamie_mitcho y @lucaschumbo, quienes tuvieron que venir a nuestro rescate tras perder la moto de agua. Y a todos vosotros por estar ahí apoyando y animándome! “, publicó Axi en su cuenta de Facebook.

Cuando estaba por llegar a la superficie, otra ola embistió sobre él:

Una ola blanca. Fue volver a empezar. Ahí es cuando me planteé de nuevo: esto no ha acabado, no veo nada, apenas escucho y el cuerpo no me responde. Pensaba que todo se acababa ahí. Solo veía luz, era todo blanco, lo poco que recuerdo era como si estuviera en una habitación con mucha luz, y que alguien me hablara desde el exterior. Escuchaba las motos pero no tenía ni coordinación corporal ni nada. Estaba completamente ido, intenté alzar la mano para pedir ayuda hasta que me alcanzó la otra ola blanca. Temí por mi cuello. La cabeza me iba a estallar y sentía dolor. Ya me había reventado el neopreno, cuello, gorro y el lateral del pecho. Ahí debió de perforarse el tímpano aunque no me di cuenta. Me daba cuenta de que iba a perder la consciencia, pero seguía sumergiéndome”.

Axi Muniain en Jaws, 2016

Sin abrir la boca y sin poder ver ni escuchar, su amigo Francisco llegó y lo rescató. Pero “no me podía ni agarrar, no tenía fuerzas, iba volando sobre la camilla, de pronto me golpeé con el jet-ski y me veo en el agua de nuevo. Me preguntaba qué había pasado. Estaba como en un sueño tratando de encontrarle la lógica. Francisco estaba tratando de sacarnos de otra ola que se estaba formando. Al verme en el agua de nuevo me seguí concentrando, dentro de mis penosas condiciones estaba atónito, traté de no tragar agua…”. (En el siguiente enlace de Surfline, se encuentra el relato completo.)

Por fortuna, se trata de otro cuento de supervivencia, que vuelve a reclamarnos el necesario respeto y cuidado que debe mantenerse en el océano, ese universo de agua lleno de fuerzas y extraños comportamientos, que puede despertar las más bellas experiencias, sustos horribles o peor.

 

 


Dejar una respuesta